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Naturales de oro
Hay faenas que no se miden solo por las orejas. Ni siquiera por el cartel o por la plaza donde suceden.
NATURALES DE ORO

Hay faenas que no se miden solo por las orejas. Ni siquiera por el cartel o por la plaza donde suceden. Se miden por otra cosa más difícil de explicar: por esa huella íntima que dejan en la memoria del aficionado. Por la sensación de haber asistido a algo verdadero, algo que, sin necesidad de grandes focos, se queda dentro.
Eso pasó el pasado sábado en Algete con Javier Cortés.
Los naturales que le pegó al cuarto de la tarde tuvieron categoría. Por hondura, por enjundia, por la forma de embarcar la embestida y vaciarla detrás de la cadera, aquello fue sobresaliente. Toreo del que no se olvida fácilmente. Naturales de oro.
Ya desde el recibo de capa empezó a tomar cuerpo la cosa. Se fue a los medios a torear a la verónica con el capote recogido de las puntas, echando los vuelos con temple y rematando con una media de mucho empaque, abelmontada. El toro, colorado, hondo, con plaza, corto de manos y de cuello largo, tenía hechuras de embestir. Y embistió. Después de emplearse en el caballo, Cortés quitó por delantales con la gracia y el aire de un capotero grande. El toro, “Mentirita”, número 110 con el hierro portugués de Condessa de Sobral, fue a más. En banderillas ya dejó entrever su calidad, mientras Pablo Gallego en la lidia y Daniel Duarte con los palos firmaban un tercio de gran altura.
Pero lo importante vino después.
Lo que sucedió con la muleta quedará en el recuerdo de quienes lo vieron. Cortés empezó a entender al toro por el pitón izquierdo con inteligencia y sensibilidad: primero respetándole las alturas, sin violentarlo; después, cuando la faena tomó vuelo, apretándolo más, bajándole la mano, obligándolo a romper hacia abajo. Y ahí empezó el milagro.
Los naturales fueron cayendo de uno en uno, con cadencia. Cada muletazo parecía mejorar al anterior: más despacio, más reunido, más desmayado. Hubo un momento en que aquello pareció toreo de otra época. La hondura hecha faena. El olé sonó ronco en Algete, como suena cuando el tendido siente de verdad que está viendo algo importante.
Da igual la categoría de la plaza cuando el toreo aparece así. Da igual el contexto, el ruido o el tamaño del escaparate. Cuando un torero se acopla de esa manera a un toro de tanta clase, lo único que cuenta es la verdad de lo que está pasando.
Luego llegó el pinchazo previo a la estocada y el premio quedó reducido a una oreja, un trofeo menor para lo que había sucedido de verdad. Porque mientras Mentirita-110 se iba al desolladero en medio de una fuerte ovación, quedaba la impresión de haber asistido a una de esas faenas que valen más que su balance oficial.
EL RESUMEN
Y por eso esta semana la newsletter tiene un valor especial.
Porque, además de contarlo, voy a compartir la faena completa en vídeo.
Para que quien no estuvo en Algete pueda verla entera. Y para que quien sí estuvo pueda volver a asomarse a uno de esos momentos que justifican por sí solos la afición.
Un abrazo fuerte y feliz semana.
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Así, entre todos, seguimos manteniendo viva la llama del toro.
Un abrazo,
Marcos Sanchidrián
Todos a los Toros 🐂
