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✨ Siempre Yiyo #9
¡Feliz viernes! Esta temporada se ha cerrado con un récord de festejos: 1001 mayores en 2022. Mis compañeros de Mundotoro han publicado la estadística (trabajazo, como cada año) que desmonta las mentiras instauradas en la sociedad: hoy se celebran más festejos taurinos que nunca.
2022 es el mejor año de la última década. Si lo comparamos con 2019 (último año normal) se celebraron 28 festejos más (1001 vs 973). Otra gran noticia es que también se ha recuperado masa territorial, 422 municipios celebraron festejos en 2022 frente a los 377 que los anunciaron en 2019. Esta es la verdadera batalla que tenemos por delante: recuperar territorio para el toreo.
Las mentiras tienen las patas muy cortas. Aquí tenéis los datos:

El toreo en España supera la barrera de los 1.000 festejos en 2022 | mundotoro.com — www.mundotoro.com
La temporada alcanza su mejor registro en la ultima década en el peor contexto económico y social
El recorrido por los inicios de la historia de la Escuela de Tauromaquia de Madrid desemboca irremediablemente en José Cubero "Yiyo", el primer matador de toros y la primera figura que lanzó aquella magnífica locura que cimentaron Enrique Martín Arranz y Manuel Martínez Molinero.
Aquí, nuestro homenaje.
¡Gracias por acompañarnos un día más!
El libro: Por siempre Yiyo

Yiyo fue un torero necesario en un momento clave de la historia reciente. Su añorado recuerdo continua presente y la pregunta de qué hubiera pasado si Burlero no se hubiera cruzado aquella aciaga tarde en Colmenar Viejo sigue presente entre los aficionados.
¿Quién fue Yiyo en el toreo? Mucho se ha escrito sobre su muerte pero faltaba una obra que realmente profundizara en su trayectoria, lo ubicara en un contexto muy determinado y analizara en detalle su carrera. El periodista Alfonso Santiago lo ha conseguido en una obra que, por fin, da a José Cubero el sitio que merece.
En el viaje que hemos hecho las últimas semanas por los primeros pasos de la Escuela Nacional de Tauromaquia con la película Tú solo y el libro Antesala de la Gloria merece finalizar con Yiyo, su mejor baluarte.
Con apenas 17 años, el joven de Canillejas se convirtió en el primer matador de toros que lanzó la Escuela (1981) y la primera figura que asaltó el escalafón, nacido profesionalmente en las humildes enseñanzas de su padre junto a sus hermanos en Burdeos y, después, en la añorada placita del Lago de la Casa de Campo.
La carrera de Yiyo fue fulgurante: recorrió España como novillero sin caballos con los Príncipes del Toreo, la primera terna que lanzó la Escuela junto con Lucio Sandín y Julián Maestro, como novillero con picadores estuvo lo justo, apenas temporada y media, y su carrera como matador tuvo un recorrido de cuatro años (1981-1985). Pero no estamos hoy para biografiar a Yiyo sino para destacar los argumentos que hacen de Por siempre Yiyo (Círculo Rojo, 2021) un libro clave para entender su figura.
A Yiyo nadie le regaló nada. La independencia de Tomás Redondo hizo que el camino tuviese, sobre todo en los comienzos, más espinas que rosas. Cuando no te arropa una casa grande, como pasa ahora, estás obligado a ganar cada contrato en el ruedo. Y a veces ni eso tiene la celeridad y contundencia que merecen los triunfos. Incluso tuvo una crítica voraz en la pluma, por ejemplo, de Alfonso Navalón que terminó rindiéndose a lo inevitable.
"Para muchos Tomás Redondo es un caballo blanco, para otros un ingenuo, y no faltan quienes le acusan de intruso. En el fondo, no creo que sea más que un hombre de buena voluntad que intenta sobresalir en un mundo que no le permitió ser estrella en su juventud (...) Gustará o no, provocará envidias o atraerá a los vivillos en busca de sacar tajada a sus debilidades, pero lo cierto es que se trata de una postura lícita como otra cualquiera", escribió José Luis Benlloch en Aplausos.
La realidad es que la vida de Tomás Redondo se fue con Yiyo.
Yiyo se sobrepuso a todas las adversidades con su concepto de clase y pureza. La reaparición de Antoñete impactó. Atrajo a la plaza incluso a quienes no eran habituales. La generación de los 80 se consolidaba, ya desprendida de las figuras de hierro de los 60 y con un clima que eclosionó en la gran feria de San Isidro de 1985, quizá una de las mejores de los últimos tiempos.
Por siempre Yiyo recorre su carrera con la misma pasión que si estuviese sucediendo hoy. Un joven maestro que llegó a torear el 30 de agosto de 1985 en una plaza de pueblo como siempre soñó. Una cornada fatal, un accidente. Sobre la arena de Colmenar están los recuerdos de la faena a Niñito, a Cigarrón, el histórico San Isidro del 83 con cuatro orejas en tres sustituciones, el toro de Dionosio Rodríguez en el 84...
¿Por dónde hubiera caminado el toreo en 1986? ¿Yiyo hubiera dado el paso de irse con una casa grande, como se rumoreaba? ¿Por fin habrían tenido rédito sus triunfos? ¿Habría conseguido estatus de primera figura? ¿La tendencia de toreros-triunfalistas que se impuso en los 90 hubiera tenido vigencia o se hubiera impuesto la clase y pureza heredadas de Antoñete?
Preguntas sin respuesta que hubieran cambiado el devenir de la historia. Yiyo, por siempre, Yiyo.
La faena: Yiyo y Niñito
29 de mayo de 1985. Las Ventas. Yiyo lucía un inmenso corinto y azabache. La tarde navegaba entre la indiferencia, una tarde gris de lluvia intermitente típico de San Isidro. Hasta que salió el tercero, Niñito-18, de 545 kilos, con el hierro de Aldeanueva. Así lo contaron José Carlos Arévalo y José Antonio del Moral en Repóker (Espasa-Calpe, 1986):
"Dos derechazos suaves, medidos y uno de pecho, acallan gritos. Y surge el lidiador; tres ayudados por alto, para desahogar la embestida del toro y obligados, para encelarlo en la faena. Prende una emoción nacida de la inteligencia y rematada por el arte, pues su muleta conjunta la naturalidad con la inspiración. Hay ritmo en las suertes; falta el picante que obligatoriamente debe poner el toro. Y Yiyo cita al natural con los pies juntos, une un sentimiento a un engaño que va a media altura, como lo exigen las condiciones del astado. Remata con el de pecho, elegantísimo, sin la honda profundidad que le hubiera inspirado otro enemigo. ¿Profundidad? No puede haberla porque el astado amenaza con rajarse y solo la maestría del torero es capaz de prolongar al embestida. ¿Emoción? Sí, la del conocimiento, unida a la difícil facilidad del arte. No rompe el público, que no ve el toro; sí se alborozan los aficionados penetrantes. Alegría, pues. Trincheras sabrosas, trincherillas pintureras: redondez fina de la obra bien hecha, el toreo arrematado que pedía El Gallo. La estocada, ejecutada a ley, queda atravesada, lo que proporciona un pretexto a los intransigentes. Se protesta la oreja que le concedió la cátedra, porque Yiyo dio fiesta a un toro que no la tenía. Al joven torero le empiezan a medir como figura".
El reportaje
Internet aún guarda joyas taurinas. Queda poco pero si buscas, puedes encontrarlo. Yo procuro guardármelo todo. Gigas y gigas de vídeos para que mañana no se pierda. Sí, algo que tendría que hacer el toreo como entidad.
Uno de esos documentos inolvidables es este reportaje de Informe Semanal que emitió TVE el 31 de agosto de 1985. Un día después del trágico fallecimiento de Yiyo, la cadena de televisión pública emitió en prime time un especial sobre la muerte del torero madrileño.
Las imágenes de la última faena a Burlero, de Marcos Núñez, en Colmenar resumen su tauromaquia, las declaraciones en caliente de los protagonistas son desgarradoras, el cuerpo sin vida del hijo pródigo subiendo las escaleras del piso de la calle Canal del Bósforo donde esperaba incrédula la familia Cubero Sánchez... Porque por mucho que hoy la sensibilidad tenga la piel muy fina, la justificación última del rito de la tauromaquia está en la muerte del héroe.
José Cubero "Yiyo" marcó a una generación. Tuvieron que pasar más de 30 años para que su nombre presidiera la Escuela de Tauromaquia de Madrid. Hoy, libros como el de Alfonso Santiago hacen justicia y actualizan a un torero que no estaba bien contado. Hay más, como Adiós, príncipe, adiós, de Antonio D. Olano. Es muy interesante pero está escrito en caliente.
Y a ti, ¿en qué te marcó Yiyo? ¿Qué recuerdos te vienen a la cabeza? Si te apetece, contesta a este email y cuéntame.
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