📺 Las cicatrices, una película olvidada #11

¡Feliz martes! ¡Vamos a superar el día con toros, muchos toros! No puedo dejar de agradeceros el interés que mostráis por esta newsletter. Me encanta que os guste y, sobre todo, que sea útil.

Hoy tenemos recuerdo a un torero con mala suerte, una película olvidada y cinco argumentos interesantes de un fenómeno.

¡Al lío!

La película: Las cicatrices

Tal día como hoy de 1945 nace Pedro Benjumea Durán "Pedrín Benjumea" en Herrera (Sevilla). Aprovechamos la efeméride para recordar una película injustamente olvidada: Las cicatrices.

Dirigida por Pedro Lazaga y acompañado por dos monstruos como Alfredo Landa y José Bódalo, Pedrín Benjumea es un joven que sueña con ser torero contra la oposición de su familia. Su fiel adlátere, El Tormentos, o el joven Curro, que muere de una cornada mientras hacían la luna, ponen el toque perfecto para enamorarte de la película. Hasta ahí un argumento habitual en las películas de los años 50 y 60.

También era habitual que los toreros de moda del momento protagonizaran películas, incluso interpretándose a sí mismos como Litri y su sombra o Aprendiendo a morir, con El Cordobés. Además, el valor histórico está en las imágenes reales toreando que muestran a un Pedrín Benjumea en su apogeo en una línea que sigue a los toreros populares y triunfalistas que preponderaron en estas décadas.

Su carrera, por desgracia, se truncó pronto. El 17 de mayo de 1969 -después de una triunfal y fulgurante alternativa en 1967-, un toro de Cuadri en Madrid le pegó una cornada muy grave que le quitó de circulación. Como una premonición, hay unas frases del ganadero Gabriel Segura, al que putean constantemente toreándole media camada, que ponen los pelos de punta:

Hay dos clases de cicatrices, chaval: las que hacen los toros y las que te hacen las gentes que hay alrededor del toro. Y de esas tengo así, hasta en la coronilla. (...) El toro no te engaña, lo ves venir. Pero no te olvides de una cosa si quieres seguir en esto, en cuanto salgas de la plaza a hombros te van a embestir por todos lados y a esos no los vas a ver venir.

El ganadero tiene otra frase cumbre que termina de convencer al padre de Pedrín que su destino es ser torero:

Los toreros son una raza aparte, hablan otro lenguaje, poseen una escala de valores distinta, aceptan el juego: o ellos o el toro tiene que morir. Y lograrlo con arte es el privilegio de los grandes. Lo demás, el dinero o el triunfo, es secundario. El placer de torear y ganarle la pelea, eso es lo importante. Claro, que a veces gana el toro pero a ese pobre chaval, Curro, o a Manolete en Linares, de lo más humilde a lo más grande, creo que lo único que les aterró de la muerte es que les impedía seguir toreando.

Pedrín Benjumea reapareció en 1986 en Palma de Mallorca donde reverdecieron viejos laureles que ya nunca volverían. Se retiró en 1993 en San Sebastián de los Reyes (Madrid), localidad que le acogió como a un paisano.

El 21 de noviembre de 2000, a punto de cumplir los 55 años, se suicidó en un paraje cercano a San Sebastián de los Reyes.

FICHA TÉCNICA

Título original: Las cicatrices

Año: 1967

Duración: 102 min.

Dirección: Pedro Lazaga

Guión: Gregorio Almendros, José Antonio Cascales, J. María Palacios, H.S. Valdés, Rafael Sánchez Campoy

Música: Antón García Abril

Fotografía: Francisco Sempere

Reparto: Pedrín Benjumea, Conchita Núñez, José Bódalo, Alfredo Landa, Tomás Blanco, José Rubio, Antonio Martelo, Manuel Manzaneque, Barta Barri, Rogelio Madrid.

Género: Dama

Sinopsis: Pedrín Benjumea es un joven que sueña con llegar a ser torero. Su padre, que por su trabajo ha visto muy de cerca el lado duro y sangriento de la fiesta, se opone a la afición de su hijo. Sin embargo, apoyado por su hermana y con sus camaradas "Curro" y "El Tormentos", va de cortijo en cortijo toreando cada noche, superando las diversas barreras que se le presentan para llegar a convertirse en una gran figura del toreo.

Valoración Marcos Sanchidrián: ⭐⭐⭐

El tweet

Antonini de Jiménez se ha convertido en el azote de la degradación cultural de Occidente, la corrección política y el pensamiento único. Un fenómeno viral en redes sociales gracias a un discurso transgresor e inteligente, alejado de cualquier estándar impuesto.

Doctor en Economía y profesor universitario en Colombia, Antonini de Jiménez también ha apoyado a la tauromaquia pero desde un punto de vista muy peculiar. Esta semana ha publicado un vídeo que ha levantado pasiones con cinco argumentos para negar que la tauromaquia sea considerada como tortura.

"No se conoce que ningún torturador arriesgue su vida, ni que los premios a los toreros sean por el número de veces que pinchan a los toros, sino por su capacidad de hacer una faena excepcional".

"Si fuese una tortura el toro aparecería amarrado y sin capacidad para defenderse y no existirían los indultos a los toros".

"El desprecio a la tauromaquia no está en ese vano sentimentalismo animalista del que se cree civilizado. Es un desprecio profundo y oscuro a la libertad del que vive alegremente encadenado".

El artículo

El maestro Antonio Burgos lo ha bordado una vez más en su tribuna en ABC.

Ojalá tuviéramos aquí en España un Macron que los defendiera con esa gallardía y vergüenza torera.

Lee el artículo completo que Antonio Burgos ha publicado en ABC.

La historia de Pedrín Benjumea tiene mucho que ver con aquella película olvidada, Las cicatrices. Las cornadas del toro y de las gentes del toro. Del triunfo al olvido. Ya lo dijo José Tomás: Vivir sin torear no es vivir.

¡GRACIAS por estar ahí un día más! 😘